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por: Germán Alberto Giraldo Rodríguez, Estudiante de Negocios Internacionales
El error de Bolívar
Todos los países del área suramericana
son naciones construidas a la brava, sin planeación y para satisfacer los
caprichos infantiles de los gobernantes de turno, gente burda y salvaje que
fue civilizada a la fuerza en las grandes escuelas del conocimiento europeo
y norteamericano.
En el caso específico de Colombia,
país contrahecho y servil a los puercos propósitos de unos padres de la patria
prostitutos, que se venden al mejor postor por unas pocas monedas y se engalanan
y se perfuman para recibir unos elogios hipócritas de los verdaderos poderosos
del mundo, hay que decir que ha sido el caballito de batalla de los próceres
que han querido liberarse del mundo desarrollado y verdaderamente civilizado
e industrializado para, según ellos, lograr la libre autonomía de los pueblos.
Así les entregan el mando a unos campesinos ebrios de chicha y que han sido
previamente domesticados por una iglesia dictadora, vengativa y cruel que
los controla con los hilos invisibles de las amenazas de un paraíso perdido,
un lugar en el que seguramente yacen esos próceres que deberían estar en el
infierno, pagando por todo lo que nos toca sufrir
ahora por culpa de una independencia para la cual no estábamos preparados.
El país tiene deudas desde que nació
como estado soberano sumándole las acreencias que traía la Gran Colombia,
que de grande no tenía sino el territorio y el nombre, porque la repartición
de la miseria fue y ha sido lo verdaderamente gigante en ella. Ese monstruo,
cuya cabeza era Bogotá y sus pezuñas Caracas y Quito, era un Frankenstein
armado con los pedazos pútridos de lo que quedo después de las guerras de
independencia. El cerebro de este adefesio era un demente venezolano, un guerrillero
civilizado en Europa, un subversivo que transplantó las cosas malas que aprendió
en tierras lejanas para libertar a los que no sabían que era libertad pero
más o menos se la imaginaban. Tal vez como el poder de hacer lo que les diera
la gana sin pensar en el otro, pisoteándolo y escupiéndolo para sentir como
la libertad corría por sus venas recorridas por el alcohol, como ocurre en
la actualidad.
Para gobernar esa estructura amorfa
intentaron redactar una constitución. Solo cuando la tuvieron lista se dieron
cuenta de que era una copia de muchas constituciones europeas, principalmente
de la española. Agarraron un párrafo de allí, una palabra de allá, le cambiaron
el sentido a una oración y mil cosas más hicieron, pero al final notaron que
su constitución seguía siendo la que tenía la madre patria cuando era ella
la que avasallaba estas tierras. Le dicen a España la “Madre Patria”, pero
una madre hace a sus pequeños con amor y los prepara para que vivan cuando
ella no esté. Esta madre en cambio parece sacada de un cuento de brujas, porque
parió a sus hijos con odio y resentimiento y vivía a expensas de ellos. Y
nunca, pero nunca los pensaba dejar ir.
La hija mayor de España, la Gran Colombia,
el sueño de Simón Bolívar, fue una joven modelo al principio. Era bella y
seductora, todos querían estar con ella y todos la querían dominar. Su padre,
Bolívar, no había encontrado un novio digno de su muñeca y entonces se casó
con ella. Los padres no se casan con sus hijas así sean unas reinas de belleza
y los seduzcan con sus encantos, pero este cayó en la tentación y la hizo
suya. Se hizo nombrar Presidente, estuvo un rato con ella y después se fue
al sur a buscar otra mujer que quisiera liberarse de su madre. La suya la
dejo encargada a los neogranadinos, a los ecuatorianos y a los venezolanos
que se la quisieron repartir pero no se pusieron de acuerdo para saber que
días podía estar cada uno con ella. Entonces la hermosa dama se convirtió
en un monstruo horroroso, ese Frankenstein armado con pedazos.
Comenzaron las peleas entre los tres
hermanos bolivarianos, que de hermanos no tienen sino el cerebro de la madre
y el cuerpo que el padre les quiso dar. Las patas se querían separar de la
cabeza para formar otros cuerpos mutantes; sin embargo la autoridad del padre
se los impedía. Si el engendro se dividía podía venir mamá España a pedir
la patria potestad de sus tres hijos mayores y después la del resto de los
niños, y papá Bolívar no estaba dispuesto a atender
a esa señora de nuevo, no después de lo que le hizo pasar. El cáncer ya había
hecho metástasis en los tres bebés, ya sus órganos internos presentaban síntomas
de podredumbre; ya las fuerzas armadas, células defensivas de cada parte del
organismo, se estaban revelando contra los abogados que hacían la función
de neuronas en la cabeza del monstruo. Ni siquiera los remiendos que papá
Bolívar le hacía a su aberración iban a ser capaces de contener el estallido.
Todos esos entuertos tenían que tener
un fin. No era posible continuar alimentando una bestia que se tragaba todo
pero no devolvía nada. La Gran Colombia, ese anticristo siniestro creado por
el abyecto libertador de chusmas enardecidas empezó a agonizar. Los venezolanos
no querían a los neogranadinos ni a los ecuatorianos, sentimiento que era
correspondido con creces. Porque los neogranadinos odiaban a los venezolanos
y a los ecuatorianos, y los ecuatorianos detestaban a los venezolanos y a
los neogranadinos. El gobierno de Bogotá no le gustaba a nadie. De eso han
pasado casi dos siglos, y sigue sin gustar por corrupto, bandido y cínico.
En Bolivia, el país más maldito de
esta parte del mundo, más que Colombia inclusive, le echaban
flores a Simón Bolívar y este, olvidando toda lo que dijo sobre la democracia
y la libertad se sintió rey. Los bolivianos lo subieron a un trono y le suplicaron
que les escribiera una carta magna divina y bolívar lo hizo. Se proclamo Dios
de los Cholos, divinidad presidencial eterna e inamovible, se reservó el poder
de escoger a sus representantes entre los indios y de dictar las leyes que
regirían a los hombres en la tierra que él tan lejana veía desde su altar.
Pensaba que de esa forma evitaba las peleas entre sus discípulos y vio que
todo estaba bien. Y anocheció, pero no amaneció.
El nuevo Dios, viendo que su creación
constitucional era tan perfecta quiso imponerla a sus hijos gran colombianos.
Pero eran rebeldes y el Diablo de la republica ya había sembrado cizaña entre
ellos. No querían un Dios eterno, solo un Papa que se fuera cada cuatro años
con muchos cardenales que hicieran del reino terrenal una federación, conservando
el poder de la iglesia católica dentro del gobierno. Dios se dio cuenta de
que ya nadie o muy pocos creían seriamente en su poder divino para mantener
con vida a su monstrete, y volvió a ser el simplón Simón Bolívar de siempre.
Ahora era de carne y hueso y se estaba secando. Por fin la Muerte, la acompañante
del camino eterno se acordó de él para llevárselo lejos a dar un paseo sin
regreso. Y se acordó de los republicanos que no veían razón para mantener
viva a la masa amorfa si ya no tenía cerebro. Simón se fue viendo su sueño
convertido en pesadilla; pero hoy día hay alguien dispuesto a terminar lo
que dejaron empezado él y sus secuaces.
Se suponía que los colombianos somos
muy estúpidos y estamos condenados a estar repitiendo los mismos errores de
forma mas cruel todos los días, pero los venezolanos nos tomaron la delantera.
Eligieron como presidente a un general golpista, un intento de guerrillero
abortado con el cerebro del libertador. Se trata de Hugo Chávez, un “emperador
bananero” como fue llamado hace unos días en una columna de opinión del periódico
mas prestigioso de nuestro país. Su misión en la tierra es unir a todos los
países de Sur América en una sola nación siguiendo las enseñanzas del tipo
mas terco y a la vez mas amado de los habitantes de esta parte del planeta:
Simón Bolívar.
Le gusta provocar peleas, desconoce
que hay gente más importante e interesante que él, apoya regímenes golpistas
y grupos guerrilleros brindándoles protección en su territorio comparándolos
tal vez con los ejércitos del libertador, cambió la constitución de Venezuela
y se autoproclamó rey de los venezolanos, pensando extender su reinado hasta
el 2021, está empeñado en liberar a Venezuela, Colombia y al resto del mundo
del neo-capitalismo burgués mediante medidas revolucionarias como el desconocimiento
a la propiedad privada y la persecución política a los medios informativos,
etc, etc, etc…
Bolívar
vive en el cuerpo de este señor, ha venido del más allá a fregarnos
la vida de nuevo. ¿Hermanos bolivarianos? Que vamos a ser nosotros hermanos
de esos señores… hermano es el que vive lejos y te jode la vida por
teléfono, el que de vez en cuando llama a pedir plata prestada que nunca va
a devolver pero igual uno se la presta, el que llega a tu casa sin avisar,
pero nunca, jamás de los jamases te traiciona. Este dictador de Chávez nos
ha clavado el cuchillo en la espalda muchas veces, y dice que somos hermanos.
¿Hermanos? Hermano él de Fidel Castro y de Saddam Hussein, de Muhamar Gaddafi
y de Manuel Marulanda Vélez, unos como él. ¿Hermanos? ¡… tan bobo!
Y me hago muchas preguntas… ¿Por qué
los españoles y no los ingleses?, ¿por qué Cristóbal Colón y no Sir Walter
Raleigh?, ¿por qué español y no inglés?, ¿Por qué simón bolívar y no George
Washington?, ¿por qué amarillo, azul y rojo y no barras blancas y rojas y
un cuadro azul salpicado de estrellas?, ¿Por qué “Oh gloria inmarcesible”
y no “Oh say what you see”?, ¿por qué cumbia y no blues?, ¿por qué calenta’o
y no pie de manzana?, ¿Por qué Colombia y no Estados Unidos de Sur América?
¿Por que odio a simón Bolívar? Porque
de Guatemala nos metió a Guatepeor. Nadie estaba listo para ser libre porque
no había gente educada, solo el clero y la clase alta, dedicada a aparentar
en un país arruinado. Los campesinos, los indios y los negros eran unas veletas,
una masa acéfala que solo sabía quejarse y beber. A este pueblo le fascina
hacer pereza y se inventa los días de fiesta y los puentes festivos para no
trabajar, para parir mocosos y esperar la ayuda del gobierno o de las personas
caritativas mientras le dan vuelta a sus cuerpos sudorosos sobre sus camas
mugrosas. Ahora nos consideran parias y en ninguna parte nos quieren ni nos
respetan, solo somos narcotraficantes, ladrones, albañiles y prostitutas.
Somos hijos de España, de los indios de Europa, del peor lastre que ha tenido
que cargar la Unión Europea. No somos nada.
¿La solución? Entreguemos este territorio
como pago de la deuda externa, tomémonos de las manos, cantemos el himno nacional
y caminemos hacia las profundidades del mar hasta que todos nos ahoguemos.
Llevemos con nosotros a los venezolanos, a los ecuatorianos, bolivianos y
peruanos, todo lo que pudrió Bolívar y llevemos también a los españoles. Que
se borre nuestro recuerdo, que nadie sepa que alguna vez existimos. Porque
árbol que nace torcido nadie lo endereza, y este árbol nació retorcido.
Gracias Simón Bolívar, Gracias por
nada!!!