Nota: Los contenidos expuestos en estos artículos no tienen relación alguna con el pensamiento y lineamientos del GEC - USB, solo ofrecemos este espacio para compartir artículos de diferente índole. La responsabilidad recae directamente sobre el autor del mismo.
por: Germán Alberto Giraldo Rodríguez, Estudiante de Negocios Internacionales
Problemas
de espacio en la U
Quien no ha soñado, al salir graduado
del colegio, con estudiar en una Universidad grande, muy grande. Donde los
salones sean amplísimos, los corredores largos y profundos, los bloques de
aulas muy altos, la biblioteca enorme, las cafeterías ofrezcan de todo y lo
mas importante, donde uno no se tropiece al caminar..
Bueno, lo que generalmente sucede es que todos esos anhelos se cumplan y el
sueño sea un hermoso despertar. El primíparo piensa
que nada malo puede suceder… eso es lo que cree.
Salento, sede campestre
La pesadilla comienza cuando uno nota
que las aglomeraciones de personas son excesivas, que los salones por más
grandes que sean no tienen la capacidad para acoger a grupos inmensos, que
en la biblioteca no está el libro que uno necesita porque alguien más lo tiene
prestado y solo existe ese ejemplar, o cuando un estudiante va a la cafetería
y le toca hacer una fila de veinte personas para comprar un miserable cigarrillo,
ahí es cuando se nota que algo está mal.
Lo que sucede ahora en nuestra Universidad
es eso, no cabemos. Somos tantos que las áreas comunes son insuficientes para
atender la demanda de espacio de todos los estudiantes. Muchos dirán que eso
no es así porque tenemos amplias zonas verdes, un coliseo y una plazoleta
donde todos podemos estar a nuestras anchas sin incomodar al vecino, además
de poseer la mejor piscina del Valle de Aburrá.
Pero la cosa no es tan sencilla.
La mayor parte de las zonas verdes
están en un terreno de pendiente, otra tiene las réplicas de la Piedra del
Peñol, otra está invadida por los estudiantes de arquitectura y diseño industrial
y el resto hace parte de un área destinada a quien sabe qué porque está llena
de maleza y no se sabe a ciencia cierta que piensan hacer ahí. Tal vez el
resto de las construcciones que faltan en la Universidad, esas que nos están
prometiendo desde hace seis años y que parece fueron concluidas cuando llenaron
la piscina.
La biblioteca da vergüenza. Es muy
pequeña y de vez en cuando sirve para lo que uno busca. No es justo que nos
toque ir a las bibliotecas de otras Universidades porque en la nuestra no
hay material informativo suficiente para suplir la demanda. Sin embargo el
servicio es bueno y se hace lo que se puede con los recursos disponibles para
satisfacer a la comunidad bonaventuriana. Las cafeterías a veces se ven a
gatas para atender esas oleadas de clientes hambrientos que llegan a tragarse
todo, a beberse todo y a fumarse todo. En media hora hay que hacer fila, comprar
el almuerzo y buscar donde sentarse porque las mesas parecen seres en vías
de extinción. Todos quieren tener una, las protegen como si fueran sus propias
vidas y hasta pelean para decidir quien se sentó primero. Ah, eso solo ocurre
entre clase y clase, después no se ve un alma por esos lados y aparecen las
mesas rayadas y desajustadas. ¿Y quien responde por eso? Ni idea.
El coliseo y la piscina hasta ahora
cumplen su función. Eso si, el coliseo solo se ve lleno cuando hay grados,
de resto permanece casi desierto. La piscina parece el Lago de la Muerte porque
allá solo se meten los valientes. De vez en cuando hay alguien nadando en
uno de sus extremos y alguna vieja bronceándose. Si hay un grupo de más de
cinco personas molestando allá deben ser estudiantes de ingeniería llegados
de la sede del centro porque a eso es a lo único que van a Salento,
a “tirar piscina”. La plazoleta se está deteriorando sin que nadie haga nada.
Entre los adoquines se ve salir la hierba que va levantando el piso, destruyendo
un espacio que debió costar no pocos millones de pesos.
Si me tocara hacer una lista de lo
que necesitamos, sería la siguiente:
Más salas de sistemas
Un auditorio al que se le pueda llamar
auditorio, es decir, un teatro
Una biblioteca que parezca biblioteca
y no una librería con textos de segunda
Unas cafeterías más amplias
Más áreas comunes. Para eso se puede
aprovechar ese terreno ocioso ubicado detrás del bloque de aulas.
¿Donde quedaron los tales quioscos
que iban a construir después de la convocatoria que hicieron para que los
estudiantes los diseñaran? Eso le daría un aspecto más confortable a la U.
Ascensores. Tener que subir esas escalas
es un suplicio diario al que nos hemos tenido que acostumbrar.
Espacios adecuados para la práctica
de otros deportes como el tenis. No a todos les gusta el fútbol y el básquetbol.
Eso es lo que había que decir. Mejor
dicho, lo que deberían hacer es terminar la construcción del Campus. No es posible abrir nuevas carreras cuando tenemos
un problema de hacinamiento por falta de espacio y sencillamente no cabe más
gente. Hagamos lo que hicieron las directivas de La Salle para construir su
sede: se asociaron con la industria privada y la hicieron participe de sus
proyectos de investigación a cambio de la financiación para la construcción.
Ese Campus causa envidia, y mucha.
San Benito, sede del centro
Si aquí llueve por allá no escampa.
San Benito es un pueblo chiquito, estrecho y un tanto maloliente. Hogar de
los afectos de todos los que allí concurren, su problema de espacio es peor
que el de Salento. Por lo menos la sede campestre
no parece una plaza de mercado en la que es imposible dar un paso sin pisar
a los demás.
En San Benito está prohibido respirar
porque se acaba el aire, mirar porque no hay hacia donde ver, hablar porque
todos se enteran de lo que usted habla; no porque sean chismosos o algo por
el estilo sino porque todos están tan pegados que las conversaciones se vuelven
tema de dominio público. ¡Pero que amor el que le tienen a ese lugar es increíble!
Es asombroso que la gente esté contenta
allí. Hay personas (profesores y especialmente estudiantes) que llegan muy
temprano en la mañana y solo salen cuando el portero ya va a cerrar, a las
diez de la noche. Es como cuando uno ve a la gente humilde y se pregunta por
qué son felices si no tienen dinero ni que comer, solo deudas y un estómago
que ruge las veinticuatro horas por falta de alimento. Los grupos de amigos
están muy definidos aunque son abiertos a recibir más integrantes, nadie se
queja por la estrechez, parece que están a gusto compartiendo olores y sudores.
Pero no hay que dejar pasar los problemas
de espacio que adolece esa sede. No tiene zonas verdes, solo tiene una cafetería
para mas de mil estudiantes, la biblioteca es un poco mas grande que la de
Salento pero igual de incompleta, faltan salones,
faltan parqueaderos, los baños son horribles y aparte de eso un bloque de
aulas lo convirtieron en la sede de postgrados, decisión a mi juicio equivocada porque le cercenaron
mucho espacio a los estudiantes de pregrado sin
tener en cuenta que los de postgrados son muy pocos. Que piensan hacer con
los de pregrado, ¿mandarlos para Salento?
si ni siquiera cabemos los que estamos allá, ahora más gente es imposible.
La disculpa de integrar a la gente
de postgrados con el resto de la Universidad es paja, sabemos que es para
reducir costos, nosotros no somos bobos. Ellos son
bienvenidos porque de una forma u otra le aportan a nuestra Universidad, solo
pido que siempre que hagan un proyecto de esos nos digan la verdad porque
cualquier decisión que se tome nos afecta directa o indirectamente a todos.
Esos cuentos de integración estudiantil solo se los creen los alumnos de grado
once que van de excursión a San Andrés.
Volviendo al tema, el problema de espacio
de San Benito se ha solucionado de manera parcial tomando en arriendo las
instalaciones del colegio. De esa manera se amplió la capacidad de parqueaderos
y la disponibilidad aulas. Mientras tanto se sigue construyendo el bloque
de postgrados y la gente se sigue aglomerando en el “Comfamita”,
la cafetería del árbol que no tiene ramas y cuyas palomas sufren de crónicos
problemas intestinales.
Es que la única parte que tiene sillas
y mesas para sentirse medio cómodo es esa cafetería. Maluco sentarse en los
corredores o en la mitad del patio central porque ahí si, San Benito parecería
Bellavista. Sus salones asemejan celdas, sus baños
carecen de arte, su ambiente es el de un mercado de San Alejo sin su olor
característico a naturaleza (marihuana) reemplazado en cambio por el aroma
de cientos de cuerpos que sudan al unísono; su sonido es el de miles de temas
sin sentido, a veces chismes, a veces conversaciones de estudio. San Benito,
cuya imagen más popular es la de los estudiantes de ingeniería y psicología
metidos allá desde las seis de la mañana, estudiando algunos y jugando cartas
y perdiendo el tiempo la gran mayoría.
¿Qué se puede hacer para solucionar
el problema de espacio de esta sede? Yo diría que tumbarla es la mejor decisión.
El edificio es herencia arquitectónica pero no es práctico, ya no sirve tan
bien como antes a su propósito de educar y le da mala imagen a la Universidad.
Es feo, chiquito, estrecho, solo inspira pereza. Lo más difícil sería luchar
contra la reticencia de los alumnos de San Benito para visitar a sus similares
de Salento, además, gran parte de los estudiantes
del centro son trabajadores y les sería imposible ir tan lejos para recibir
clase, no lo aceptarían.
San Benito cuenta con una comunidad
estudiantil fuertemente ligada por vínculos de amistad creados gracias a la
estrechez. Consideran que el ambiente es acogedor y no están dispuestos a
irse a estudiar a Bello, en parte por la cercanía con sus casas y en parte
por la disputa que existe entre los estudiantes del Campus
y los del centro acerca de cual sede es mejor, alegando los de San Benito
que los de Salento somos arrogantes y que miramos
por encima del hombro y respondiendo nosotros que los de San Benito son un
montón de crápulas y de resentidos.
Entonces mi propuesta es construir
hacia arriba. Hagan más pisos en San Benito y el problema en parte estaría
solucionado. No veo que más se pueda hacer por ellos. Lo bueno de San Benito
es que todos se conocen… lo malo es que todos se conocen.